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Soy amante de la buena música y hubiera querido ser músico, pero no tengo el talento para poder transmitir lo que me hace sentir, por eso desde niña me ha encantado presenciar música en vivo o veladas con músicos, así como todos los espacios donde haya un músico ejecutando algún instrumento. En mi opinión, difícilmente hay alguien que no le guste la música.

Creo que cada uno de nosotros nos identificamos con algún instrumento y si pudiéramos tocarlo lo haríamos. A través de todos los años he conocido muchos aficionados a la música, pero músicos con talento y que hayan trabajado su instrumento es otra cosa. Entonces, no dejo pasar cada vez que tengo la oportunidad de escuchar alguno de estos seres a quienes se les donó este envidiable don. Y si puedo participar de alguna manera, ahí estoy en primera fila. Me siento feliz porque aunque no sea yo la que está tocando el instrumento, a través de un buen músico logro sentirme como si fuera yo la que toco. No necesito tocar para experimentar esa sensación y, en mi opinión personal, eso es lo que hace la diferencia entre un buen músico y un aficionado.

Hace muchos años (1995) tuve la fortuna de conocer a un gran músico con quien he descubierto, sentido, experimentado y hecho todo un viaje de emociones en este difícil e interesante, pero sobre todo emocionante mundo de la música. Actualmente, me siento feliz porque gracias a la experiencia y el talento de Martín hemos realizado conciertos.